miércoles, 9 de marzo de 2011

A quien compartió el silencio, en silencio


Hasta eso lo tenías que hacer como querías, ¿verdad? A tu modo, en tus condiciones. Estar contigo entonces, en ese verbo que no sabemos si es transitivo. En ese momento al que rehuimos, al nuestro, al de los nuestros. Entiendo que buscabas alivio, tranquilidad. Que mis llamados te hastiaban y mis caricias te angustiaban; por irte, por quedarte. Por no estar… por estar así.

Pero… ¿por qué sola?

Yo aquí estaba, dispuesto a acompañarte, a llevarte, sí, en tiempo humano pero… sí… tiempo humano.

Yo te saqué de las calles y te metí a mi casa, te salvé la vida y tú me la diste toda, haciendo los huecos menos vacíos, a mi soledad un diálogo sin palabras, a la reflexión un duelo de miradas y al descanso una sinfonía de suspiros. Todo hasta desbordar mi corazón de niño y promoverlo al de un adulto. Ahí estabas sin decir nada pero expresándolo todo, ingeniándotelas para dejarme pensando, preguntándome qué olor buscabas en el viento, al vigilar desde el techo… callada, taciturna.

Tú me diste tu vida completa. Y, heh, lo que son las cosas, sólo me aceptaste 15 años de los míos… 15 años en los que diario, de modos sutiles y en cantidades modestas te filtraste profundo, arraigándote fuertemente en mis adentros, asegurándote que supiera que éramos todos, una manada. Y no conforme con mi ya regateada cuenta de lo que te debía yo a ti, me regalaste a uno de los tuyos, otro amigo que se ha colado en mi pecho y que me ha de dar un vuelco en las entrañas cuando se marche. Me saliste muy cabrona para ser perro, ja. Y así, cabra, odiando las fanfarrias, los cuetes y gatos.

Yo ya no odio a los gatos, no me molestan los cuetes y escucho atento las fanfarrias, pero lo que odio, lo que detesto más es que te fuiste, así. Sin decir nada, viendo a no sé dónde, pensando en no sé qué. Cuando fui a verte de nuevo me encontré con tu pelo rebelde y tus patas llenas de tierra y tus orejitas atentas pero ya sin tus ladridos constantes ya sin tus miradas profundas con las que me mataste de a poco el alma no una ni dos veces, ya sin ese brillo con el que sabías pedir y agradecerlo todo.

Ausente de ti, con tu mirada ya opaca, en ese eterno gesto digno y soberbio tan tuyo, perdido en la paz de lo estático, en el alivio de la agonía, la cúspide del cansancio…

Ahora me llega la pena, de a poco me sobra el alma y me faltan las palabras, me deja de alcanzar el aire y comienzo a entender que por más poesía que haga no vas a regresar, que ya no he de oírte quejar de los extraños o las campanadas, que ya no he de preocuparme si comiste, de si tienes de beber… de si te duele algo, de si te sientes mal… de si te encontraré al despuntar la mañana… de si ya te habrás ido para cuando te vea… Y a la par caigo en cuenta de que debo comprender que lo único que tendría sentido decirte es que
amo a ese cachito tan inmenso de mi familia, a ese lapso tan hermoso de mi vida…

Por tu vida conmigo. GRACIAS, MAIKA.




3 comentarios:

  1. vaya toshiro lamento tu perdida y que buena forma de decir adios un abrazo canijo

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  2. Grax, Godtzo... sí está del nabo, pero ya estaba muy grande...

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  3. Sin palabras... qué hermosa despedida, lamento muchísimo tu pérdida :(. Un abrazo.

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